Cinco lugares para perderse en Marrakech

04/02/2019 | Actualidad

Cinco lugares para perderse en Marrakech

4/02/19 | Actualidad, Ciudades, Marruecos

Cinco lugares para perderse en Marrakech

4/02/19 | Actualidad, Ciudades, Marruecos

 

Cecilia Sgarbi es la emprendedora detrás de La Protea. Como amante de la naturaleza no nos extrañó que su último destino de viaje fuera Marruecos, que planificó junto a compañeras de otra de sus pasiones, el club de bordado.

Su relato y registro es inspirador y revelador de la riqueza cultural, paisajística y arquitectónica de ese país. Cecilia eligió cinco lugares y paisajes emblemáticos de la ciudad que no deben faltar en su agenda si tiene la oportunidad de visitarla.

 

Plaza de Yamaa el Fna

Es la más importante de Marrakech, cercana a la mezquita de Kutubía.

Se encuentra rodeada de cafés y restaurantes que sirven como terrazas para turistas y locatarios. Allí,  pueden disfrutar viendo el tumulto de gente, las luces y sentir los aromas.

Hay diferentes grupos de puestos que ofrecen a puro grito sus productos: un vivero que ocupa gran parte de la superficie de la plaza con diferentes variedades de plantas, árboles y palmeras, puestos de comidas y jugos naturales pegados uno al otro, con sus mesas y sus mozos ofreciendo el mejor precio.  Más al centro, los músicos callejeros con sus instrumentos siempre en ronda, juegos donde el premio es una botella de refresco si logras pescarla,  mujeres que  ofrecen hacer tatuajes de henna, otros con víboras o monos dispuestos a que algún valiente se anime a tomarse una foto con ellos, o los tradicionales vendedores de agua con sus trajes coloridos.

Una multitud que viene y  va, ofreciendo de todo con el aroma  de las especies siempre presente o el té verde con menta, todos los sentidos están a flor de piel.

Durante el día el movimiento es intenso, pero durante la noche es mayor y cobran vida diferentes espectáculos.

La plaza está rodeada de zocos, los mercados con sus puestos alineados en estrechos corredores donde transitan en ambas direcciones, personas, motos, mulas, o vendedores callejeros.  Allí se mezclan aromas y sonidos en un gran caos ordenado: hay que estar atento a caminar y dejar paso.

Con todos los vendedores siempre hay que negociar el precio y solo si estás seguro de querer llevar algo podes consultar, de lo contrario vas a estar mucho tiempo acompañado.

Su trabajo es vender y son muy insistentes, pero también amables y cálidos, especialmente después de concretar una venta. Tenemos que tener en cuenta que históricamente son pueblos nómadas de comerciantes que siempre se dedicaron a la compra, vente y trueque. También son excelentes artesanos.  La tentación de llevarte algo único es grande pero siempre hay que regatear el precio.

Hay que estar dispuesto a caminar por la plaza en la noche y dejarse envolver por ese mundo tan diferente y místico.

Esta plaza es definitivamente un punto de encuentro entre dos mundos diferentes: Oriente y Occidente.

Cordillera del Atlas.

Marruecos está atravesada de norte a sur por la cordillera llamada Gran Atlas que divide al país entre el desierto y la costa paralela al Atlántico y perpendicular al Mediterráneo.  Para ir de un lugar a otro siempre hay que transitarlo. Podes salir de una cuidad en plena lluvia sabiendo que detrás de la montaña te espera el sol    .

Llegamos a alcanzar 2.620mtrs. de altura con mucho frio en un día que íbamos rumbo al desierto. Las carreteras serpentean la piedra de un paisaje infinito que cambia de color a medida que pasamos de zona en zona. Esto es debido a que hay agua subterránea que cruza el desierto y crea cambios en la topografía de cada zona.

Se maneja muy rápido, tomando las curvas como si no existiera un precipicio.

Nuestro guía Rashid, nos cuenta que antes las carreteras eran de una sola mano y los desplazamientos eran mucho más lentos. Ahora son doble mano e incluso las están ampliando. Para eso necesitan dinamitar la montaña y con grandes maquinas sacar las piedras. Puede que en los trayectos se tenga que parar y esperar para seguir el camino. Durante el viaje la sensación es que están apostando mucho al turismo y que cada uno desde su lugar hace con orgullo su parte.

El paisaje siempre es entretenido: desde zonas de nieve a oasis con diferentes tipos de palmeras, zonas secas, (por ejemplo en el bajo atlas se cultivan manzanas, en el medio vid). El desierto dominado por el color naranja de su arena, contrastando con verdes valles con cedros.

Las ciudades hechas de adobe se mimetizan con la montaña. Vale la pena visitar las Gargantas del Todra con sus paredes de más de 300m de altura, es un paseo increíble: la naturaleza  del Gran Atlas no deja de sorprender  y  siempre está presente la hospitalidad de la gente.

El Jardín de Majorelle,

Majorelle fue un pintor francés enamorado de Marrakech que en 1923 decide comprar un terreno en un palmeral.

Hijo de un famoso ebanista y diseñador de la época Art Nouveau, en 1931 construye su estudio de estilo Art Deco realizado por el Arq. Paul Sinoir, inspirado en la obra de Le Corbusier.

Es ahí donde crea en 1937 el color azul ultramar intenso y claro al que denomina azul Majorelle con el que pinta todo el exterior de su casa. Alrededor de ese estudio nace el jardín compuesto de palmeras, cañas, suculentas, tunas, estanques y nenúfares.

En 1962 muere Majorelle y el jardín cae en el abandono. Pero en 1980 Yves Saint Laurent y su pareja, Pierre Bergé, compran la propiedad, recuperan el jardín e incrementan la cantidad de variedades que lo componen, pasando de tener 135 a 300 especies.

Parte de la propiedad la utilizan como vivienda y en el estudio del pintor se crea el Berber Museum, donde se expone la colección privada de arte islámico de la pareja.

Actualmente se pueden apreciar las diferentes especies exóticas de suculentas gigantes y variedades de tunas perfectamente cuidadas y agrupadas. Pasando el portal se accede a un espacio abierto con una pequeña fuente, eso ya es muy prometedor, pero ni bien se pasa nos encontramos con un asombroso espacio de gran escala, con cañas altísimas, cuya sombra proyectada acompañada del sonido del agua y los pájaros son realmente un deleite.

De eso se trata la ecuación simple: agua + verde + pájaros equivale a una puerta de entrada simple y ofreciendo la sorpresa del paraíso terrenal.

En todo el recorrido hay guías que brindan su ayuda para tomar fotos, son muy amables y están bien identificados.

En un recodo del jardín hay un memorial en nombre de esta pareja que se quiso tanto y tan generosamente regaló la posibilidad de visitar el lugar.

En la propiedad no solo funciona el Museo, también hay una librería, cafetería, boutique y una pequeña galería con dibujos, la Love Gallery, donde el diseñador representa cada año con alegres y coloridos dibujos.

En la mañana la fila para sacar las entradas es larguísima ya al mediodía es más tranquilo. Se siente tanta paz y serenidad que es un lugar absolutamente único.

Luego de la muerte de St Laurent su pareja dona el jardín a la fundación que lleva sus nombres. La misma contribuye con muchas obras sociales locales y mantiene con 20 jardineros de forma excepcional este jardín único.

Museo Yves Saint Laurent

En la misma cuadra en la que se encuentra el Jardín Majorelle se puede disfrutar del Museo y centro cultural Yves Saint Laurent.

El edificio es una estructura de ladrillos color terracota cilíndrica, de arquitectura moderna, realizada por el estudio Ko. La fachada se inspira en la urdimbre de un tejido.  Los muros son altos para que no se vean los edificios vecinos, solo el cielo.

El patio central es vidriado y tiene una gran fuente.  El recorrido permite disfrutar de una exposición retrospectiva con los diseños icónicos de Ives Saint Laurent, una sala para muestras temporales y también una librería.

Antes de llegar al auditorio pueden apreciarse bocetos de diferentes escenografías, vestuarios diseñados para ballets, óperas, películas y fotos con su amiga y musa inspiradora Catherine Deneuve.

En el auditorio que lleva el nombre de Pierre Bergé y está realizado en madera, se puede ver un corto sobre la vida del diseñador.

No puede faltar la cafetería Le Studio café, con una terraza, rodeada de un jardín de tunas y suculentas de gran tamaño.

Los arquitectos encargados de la obra declararon:

“Pierre Bergé no quería un mausoleo, ni un lugar dedicado a la figura de un hombre, sino una zona para vivos abierta al mundo…”

de ahí la necesidad de un lugar con muestras temporales donde poder presentar otros artistas y disciplinas.

Esa sensación de generosidad es la que nos llevamos porque de hecho es un museo pero también un homenaje con respeto y amor que perdurara por siempre.

La Mamounia

Su historia se remonta al siglo XVIII, cuando el sultán Sidi Mohamed Ben Abdelá regaló a cada uno de sus cuatro hijos un suntuoso jardín como presente de bodas. El segundo de ellos, Mamoun, recibió ocho hectáreas, donde se encuentra esta maravilla.

Mamonia significa, paraíso y refugio seguro.

Su decoración y entorno son espectaculares, en el 2009 reabrió al público luego de tres años de restauración. Atravesar el hall principal nos transporta a otra época, es lujo puro. La iluminación es muy tenue le da un aire misterioso.

Las pinturas, una escultura central y la presencia del Zelij (el azulejo marroquí) omnipresente componen una gran obra de arte.

El entorno de la Mamonia es único y vale la pena tomarse tiempo para caminar por el enorme jardín, con sus canteros repletos de tunas gigantes y esculturas que las imitan pintadas de rojo.

Al fondo hay un enorme huerto que seguramente utilice el restaurant con diferentes variedades de tomates, berenjenas, lechugas, aromáticas, etc. A eso le siguen espacios con frutales todos vigorosos olivos centenares, adelfas, achiras, un verdadero vergel…

También hay fuentes intercaladas en el recorrido, faroles gigantes, canchas de tenis, además de un spa, con el tradicional hammam o sauna.

De nuevo, el sonido del canto de los pájaros y el agua de las diferentes fuentes te transportan a otro mundo.

Hay que tener en cuenta que hay un código de vestimenta, un horario y día para visitar el jardín y el derecho de admisión es todo de ellos.

Ir a tomar el té es una buena opción para recorrer el entorno y disfrutar con tiempo del lugar.

Es un lugar mágico donde grandes personajes de la historia y del espectáculo supieron alojarse .

 

Cecilia se describe a sí misma como madre, jardinera, florista y bordadora.
Le gusta escuchar y contar historias, y tiene un emprendimiento llamado La Protea. Pueden conocer su trabajo y estilo de vida en Instagram o facebook.
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