Emma Livingston: la fotógrafa británico-argentina que rinde homenaje al mundo natural

01/12/2018 | Actualidad

Emma Livingston: la fotógrafa británico-argentina que rinde homenaje al mundo natural

1/12/18 | Actualidad, Arte / Exposiciones, Destacados, Fotografía, Perfiles, Portfolio

Emma Livingston: la fotógrafa británico-argentina que rinde homenaje al mundo natural

1/12/18 | Actualidad, Arte / Exposiciones, Destacados, Fotografía, Perfiles, Portfolio

La primera vez que tuvo una cámara en sus manos fue a los 7 años, cuando le regalaron una ‘point and shoot’ de rollo que se convertiría en el puntapié para desarrollar una pasión innata. Con ella, recorrería los jardines de su hogar jugando a captar esos pequeños grandes detalles que solemos pasar por alto pero que la sensibilidad de Emma reconocía al instante. Y es que probablemente sus influencias inglesas y argentinas la han convertido en una artista intercultural que sabe mirar más allá de lo que todos vemos. “mi forma de mirar fue nutrida por varias cosas como aquellos jardines, los libros de arte que mis padres compraban y coleccionan aún hasta el día de hoy, la música clásica, entre otros. Mi padre también sacaba muchas fotos y mi madre pintaba. Todos estos elementos nutrieron e influyeron mi imaginación y creatividad”, reflexiona una apasionada que encontró en la fotografía una oportunidad para rendirle culto a la naturaleza. Ese universo es el protagonista de sus trabajos: desde los paisajes de las altas llanuras pre-andinas del noreste argentino y los árboles intercalados entre los inmensos edificios de Buenos Aires, hasta la superficie de los océanos y ríos del mundo. En sus proyectos encontramos simbolismos y polaridades representadas por el paisaje y sus elementos, formas creativas de intervenir el pasado, el presente y el futuro a través de una búsqueda filosófica que explora nuestra relación con el medio natural.

Esa identidad que la define como artista le ha permitido recorrer distintas ciudades con exposiciones individuales y colectivas en galerías, centros culturales y museos de Argentina, Brasil, México, Estados Unidos y Alemania, además de participar en reconocidas revistas como la European Photography, NextLevel, Lensculture y Loupe. También trabajó en el armado de un libro sobre el emblemático edificio Kavanagh acerca del poder de la arquitectura icónica en la transmisión de valores de una ciudad, que le ha permitido intercalar en su trabajo una propuesta de investigación, archivo y relevamiento fotográfico intenso.

Emma es sin dudas, una fotógrafa de marcado perfil profesional capaz de salirse de sus propios márgenes, asumiendo desafíos interdisciplinares, aunque siempre conectados con las formas más esenciales del arte.

A lo largo de tu experiencia, ¿cómo fuiste desarrollando la sensibilidad de tu ojo?

Todas esas experiencias de mi vida fueron claves, así como las materias del colegio que más me atraían como pintura, dibujo, cerámica, escultura y fotografía. En la universidad, no me animé a estudiar Artes Plásticas por lo que decidí estudiar Historia del Arte. Y en realidad, creo que finalmente eso también contribuyó a mi creatividad. Aunque no pude crear de forma regular, mis ojos y mi intelecto fueron llenados de imágenes del Arte Bizantino, Medieval y Renacentista Italiana. Además, tuve la suerte de vivir el tercer año de mis estudios universitarios en Bologna. Allí pasé una experiencia sensorial completa entre el arte, la arquitectura, la naturaleza de las colinas y la comida (¡por supuesto!). Después, trabajé en museos y galerías de arte contemporáneo, donde descubrí artistas que no conocía y entendí que realmente quería ser artista y no la persona que promocionaba el arte de otro. Cuando supe de la obra de Susan Derges y Gary Fabian Miller tuve el empujón que me faltaba para dedicarme a la fotografía y a la creatividad full time.

La naturaleza inspira todos tus trabajos, ¿qué encontrás de especial en ese universo?

Siento una intensa empatía por la naturaleza en todas sus formas -ya sean los paisajes o los animales que los habitan- y una necesidad muy fuerte de rodearme del elemento natural, del verde de los árboles y las plantas, del sonido de los pájaros, del cielo y sus cambios constantes. Estos elementos y sonidos que por lo general pasan a segundo plano cuando vamos apurados por la ciudad. Soy de esas personas que se para a escuchar el zorzal en el árbol cuando camina por la calle. Me es difícil saber el porqué de esa necesidad y amor para la naturaleza, pero se ha transformado en alguna suerte de vocación por decirlo de alguna manera. Crear es mi devoción hacia la naturaleza.

¿Qué técnicas utilizas para destacar elementos que a veces se pierden en el paisaje?

Yo creo que lo que más se repite en mi forma de retratar algo dentro del paisaje es cómo elijo encuadrar ese elemento dentro la composición: suelo enfocarme en una sección del paisaje, un pedazo del todo.  El hecho de elegir el formato cuadrado para la mayoría de mis trabajos también es una decisión muy consciente, una manera justamente de alejar la imagen del concepto de “paisaje horizontal” tradicional para convertirla, en cierto modo, en un objeto de arte. Esta idea de borrar las líneas entre la fotografía y otros medios artísticos como la pintura, el dibujo o el grabado es algo que me viene interesando cada vez más en los últimos 2 o 3 años. Estuve experimentando mucho más con el tipo de imagen que voy fotografiando y los tipos de soportes y papeles. Imprimí sobre papel vegetal, papel de algodón y de bambú, todas superficies que me permitieron aventurarme a crear imágenes distintas a lo que iba haciendo hasta ese entonces. También me permití jugar con la fotografía digital, no tanto para retocar o alterar la imagen, sino para elegir cuál sección de la foto quería recortar, como en el caso de la serie Sphaera.

En el caso de las hojas de la serie Fallen Leaves, fue un trabajo meticuloso de recortarlas digitalmente para después imprimirlas sobre el fondo blanco del papel, convirtiéndolas en algo parecido a las ilustraciones botánicas de los siglos XVIII a XIX.

¿Tenés algún ritual para inspirarte antes de encarar algún proyecto?

No tengo ningún ritual, mis creaciones son realmente espontáneas e intuitivas. Quizás lo que sí podría ser especial, y que surge una vez que descubro una temática o imagen que me interesa profundizar, es mi forma de crear series donde busco retratar variantes de lo mismo. Me interesa esa idea de mostrar las diferencias dentro de lo mismo, jugar con la repetición y las sutilezas. La repetición crea un ritmo, que como consecuencia crea el tiempo, y entonces, me gusta extender el tiempo con la obra dándole al espectador un espacio para conectarse, una pausa.

Esa mirada de amor por lo natural, ¿contribuye de alguna forma a concientizar sobre nuestro (mal)comportamiento con el planeta?

Deseo profundamente que sea así. Espero que de alguna forma u otra mis imágenes ayuden a sensibilizarnos y conectarnos un poco más con lo natural, con lo interno, con la idea que somos parte del mundo natural. No puedo imaginarme creando imágenes que no tengan que ver con la naturaleza.  Hay muchísimas acciones que tomamos en la vida diaria que afecta a nuestro entorno natural: qué comemos, qué compramos y qué tiramos. A través de mis fotografías, sea en las muestras o en las redes, espero estar inspirando aunque sea de una forma muy sutil a que nos demos cuenta de la sabiduría de la naturaleza, y al mismo tiempo, de su fragilidad. Solo así podremos hacer pequeños cambios a favor del medio ambiente.

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“No puedo imaginarme creando imágenes que no tengan que ver con la naturaleza.”

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¿Cómo fue la experiencia de trabajar para el armado del libro sobre el icónico Kavanagh?

La posibilidad de poder fotografiar el Kavanagh fue honestamente un sueño hecho realidad. Siempre me fascinó. Con Ezequiel Díaz Ortiz, quién se ocupó de la dirección editorial  y es también el diseñador del libro, surgió esa posibilidad; habíamos trabajado juntos en otros proyectos cómo los catálogos de arte para La Abadía, centro de Arte y Estudios Latinoamericanos. Fue una experiencia única poder estar horas en el lobby y fotografiar cada detalle y ángulo con detenimiento. También fue muy interesante tener la oportunidad de conocer y capturar los departamentos de algunos de los habitantes del edificio. Fue un viaje en el tiempo poder descubrir las historias de quienes vivían antes y conocer la historia de Corina Kavanagh.

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“La posibilidad de poder fotografiar el Kavanagh fue honestamente un sueño hecho realidad. Siempre me fascinó.”

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¿En qué medida hay un vínculo entre este tipo de proyectos y el de tus fotografías inspiradas en la naturaleza?

Si hay un vínculo entre esos proyectos, no soy del todo consciente. Pero sí, siempre me ha interesado la arquitectura. Me atraen mucho las construcciones en el estilo de Frank Lloyd Wright, donde el diseño toma muy en cuenta el entorno natural que lo rodea. En el caso del Kavanagh, siempre me había fascinado el lobby. Lo había visto una sola vez, quise sacarle fotos con el celular, pero no había posibilidad. Los encargados estaban detrás mío diciendo que estaba prohibidísimo sacar fotos. Eso, claramente, me dio más ganas de volver. La parte principal del lobby, la iluminación y sus paredes curvas con la mezcla de materiales entre vidrio, madera y pergamino son sumamente únicas, nunca había visto algo así.

La fotografía es menos consumida en tanto arte decorativo, ocupando un lugar menor en las muestras internacionales. ¿Creés que cuesta darle el lugar artístico que merece?

Siempre hubo ese desencuentro entre las artes plásticas como la pintura, el dibujo la y escultura con la fotografía. Obviamente, tendrá que ver con la idea de que la imagen fotográfica se puede reimprimir una y otra vez -de ahí surge el concepto de la edición numerada y limitada-. Por otro lado, está la idea de que la fotografía es fácil, es simplemente apretar un botón. Y ahora ‘todo/as somos fotógrafo/as’ gracias principalmente al celular. Todas esas variantes hacen que la fotografía mantenga ese lugar susceptible y vulnerable dentro del mercado del arte, pero al mismo tiempo, logra mantener un lugar importante en el mercado, donde hay obras de fotógrafos como Andreas Gursky, y más antiguamente, Edward Steichen, que se han vendidos por millones de dólares en los remates. Y, al mismo tiempo, hay cada vez más ferias y festivales de fotografía, por lo cual yo pensaría que algo está yendo por el buen camino, ¿no?

Sos una de las privilegiadas que ha expuesto en varias muestras extranjeras. ¿Cómo vivís cada una de esas experiencias y cómo contribuye a tu enriquecimiento como profesional? 

La experiencia de poder exponer es siempre muy enriquecedora. Tanto las muestras en el extranjero, como las muestras de acá, me nutren y me inspiran a querer ir siempre por más. Tuve la oportunidad recientemente de formar parte de muestras colectivas, que incluían música y ambientación. Me atraen esas experiencias que no solo son visuales, sino que incluyen otros sentidos que las transforman en algo más envolvente.

Que tus trabajos hayan logrado estar en publicaciones de China, Australia o Francia, habla de un lenguaje universal de la fotografía. ¿Deberíamos dialogar más en términos de imagen como medio para fomentar la creatividad/imaginación?

Yo me imagino que ya lo estamos haciendo, y hoy más que nunca con la comunicación digital. Esas publicaciones al extranjero fueron oportunidades que se dieron cuando fui al Meeting Place de FOTOFEST. Una suerte de “speed dating” de entrevistas de 20 minutos entre artistas y curadores, coleccionistas, críticos y galeristas. De esa experiencia surgieron conexiones,  publicaciones y muestras internacionales. Existe lo mismo acá en Argentina con los Encuentros Abiertos durante el Festival de la Luz.

 

 

Trabajás mucho con simbolismos, ¿existe un camino acertado de interpretación o queda a libertad del espectador?

En muchos casos, descubro los símbolos después de haber creado la imagen o serie. Me doy cuenta que van surgiendo símbolos a lo largo del proceso creativo. No es algo que busco intencionalmente sino una consecuencia. Los símbolos son universales, por lo cual, en algunos casos seguramente el espectador los reconoce pero me interesa también que la interpretación quede a libertad total de él, sin imponer qué se debe interpretar, sino creando un espacio en el que pueda estar presente con la experiencia que vive o siente frente a la obra.

¿Cómo viviste haber sido seleccionada como finalista en el concurso de proyectos multimedia del festival de fotografía Photovisa en Rusia?

Fue una experiencia no muy tangible ya que no pude viajar para estar ahí en persona, pero significó un honor y un gusto grande haber sido finalista con esa obra. El proyecto surgió de una invitación que me proporcionó el compositor Alejandro Kauderer para participar de una muestra creada en torno a su álbum Música para un Espacio en Demolición. Es un espectáculo que une ambientación, música, performance y shows de iluminación, entre otras cosas. Al hablar, se nos ocurrió la idea de una proyección animada con mis hojas de la serie Fallen Leaves, que resultó ser editada y animada mágicamente por Lucía Ortelli.

 

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