Hola Giuseppe, tenemos que hablar.

05/04/2019 | Actualidad

Hola Giuseppe, tenemos que hablar.

5/04/19 | Actualidad, Destacados, Gestión urbana, Hoteles

Considerando que hace casi un año estás presente en titulares de prensa un día sí y otro también en Uruguay, y que hoy trascendió el hecho de que el grupo al que representas demandará por un millón de dólares al arquitecto William Rey, quien intentó impedir la demolición del ex hotel San Rafael, es que nos permitimos un par de reflexiones al respecto.

Mozo, dos Bellinis por favor!

Si hay alguien que sabe del valor patrimonial de una locación es precisamente la familia Cipriani. Tal como reza en el sitio institucional del proyecto, “El secreto no reside en lo que puede verse o tocarse sino percibirse o sentirse.” Es intangible (…..) y luego de 82 años no ha sido duplicado por nadie”.

Caramba, primera coincidencia y paradoja: el valor del Hotel San Rafael no residía tampoco tanto en sus ladrillos sino en lo que representó para el balneario desde su fundación y en épocas de auge de festivales cinematográficos, donde muchas estrellas de cine y espectáculo, como Glenn Miller, Ava Gardner o Rita Hayworth y jet set así como políticos como los Reyes de España se alojaron allí y lo tenían como referencia local.

Ellos cimentaron ese valor intangible singular e irrepetible que no te es ajeno, se usa como herramienta de marketing y de hecho fue una de las causas que atrajo el negocio.

Siguiendo con la historia del mismísimo Harry´s Bar, en el 2001 “el Ministerio italiano de Asuntos Culturales lo declaró bien patrimonial, un honor no asignado a su decoración o equipamiento sino por haber sido testigo de un siglo de eventos en la ciudad”.

Caramba, segunda coincidencia: Atributos relacionados a su trascendencia en la comunidad son válidos para calificarlo como bien patrimonial. Por acá sucede que a veces la gente es más rápida que los papeles y la Comisión de Patrimonio, que está teniendo unos problemitas de gestión y autoridad, no alcanzó a ponerle el sello a un sentimiento que la comunidad sí expresó en forma contundente. Según trascendió en medios, sientes “gran aprecio por la comunidad y el lugar” donde tienes residencia desde hace varios años.

Pero resulta que tener residencia no necesariamente implica ser consciente de ciertas particularidades que, entre nos, han viciado este proceso desde sus inicios, no por tu responsabilidad pero sí has usufructuado excepciones que no son más que un reflejo de un mal manejo de políticas urbanas, poca visión de ciudad a largo plazo y asimetrías varias en tratamientos y evaluaciones de permisos de construcción.

Si no lo sabías, en los últimos dos años se aprobaron 60 excepciones a una normativa que sí existe pero por tan bastardeada ya pasa a ser una sugerencia, que hace que la ciudad sea dibujada y dirigida por inversores y no por quienes tienen la potestad electoral para hacerlo.

Los ediles departamentales (muchos de los cuales tienen serios conflictos de intereses e injerencias comerciales en los temas que votan) cuya función es velar por las garantías legales, (Art 275 cap IV Constitución) lo único que han hecho es votar excepciones con lo cual anulan su función, y encima les pagamos un sueldo por ello, pero eso es tema para una terapia colectiva aparte.

No importa si nos gusta o no el proyecto de Viñoly que lo único que hace es usar las libertades legales que se le otorgan, ni que traiga 1000 puestos de trabajo, argumento fácil para políticos con hambre electoral y sectores de la población que asocian progreso con tener un sueldo asegurado (que ojo, también ofrece el narcotráfico). El desempleo sin dudas es un problema pero no es liberando normativas a conveniencia de los inversores que se resuelve, y en ese camino se agregan otros.

No importa que el colega Viñoly de quien no se discute el prestigio, pase por arriba de todas las exigencias que sí tenemos el resto de los profesionales mortales en esa misma oficina para presentar un proyecto, y que levante la mano a quien le autorizan tamaña intervención con una maqueta, sin proyecto como dios manda.

No importa que nadie en el ámbito gubernamental, salvando honrosas excepciones se dignen a difundir como se debe información en tiempo y forma y sin tecnicismos gramaticales que den lugar a malas interpretaciones para colaborar con un adecuado entendimiento del proceso.

No importa porque lo que está mal no es el inversor ni el arquitecto, es el mecanismo perverso, poco transparente, sesgado, poco profesional y omiso que permite que se compren calles, alturas desproporcionadas, ocupaciones de suelo y formatos que exceden a todas luces lo pautado por una norma que deliberadamente borra y reescribe según la inversión, nuevas reglas a medida.

Lo de William Rey fue un grito desesperado de esa comunidad que tú decís admirar que sintió esa gota que derramaba el vaso. Fue un gesto que reflejó lo que 25.000 personas dejaron asentado en plataformas como Change.org en dos campañas desde que se inició el proceso. Debió existir otros resortes para oponerse formalmente, debió ser otro colectivo u organización con mayores garantías y respaldo, pero no un particular al estilo David y Goliat, que se puso al hombro lo que muchos sentían, y de eso seguramente se aprenda.

El proyecto y la inversión del San Rafael es la punta de un iceberg cuyo fondo de manejos, negociados e intereses tienen harto a un sector de la población que no se resigna a que solo pueda combatirse con un voto cada cinco años y a veces hace falta gente como William Rey para sacudir el árbol y se corrijan cosas.

Ahora bien…. Argumentar que “se perdieron ventas en el proyecto inmobiliario que el grupo construirá donde estaba el San Rafael” puede deberse a que el mismo grupo no fue fiel a lo consignado en la web del proyecto donde se indica que se “preservará la integridad de la estructura del edificio”.

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Cualquier potencial comprador que en esos días revisara la web con sus promesas y leyera los titulares de diarios donde se anunciaba la inminente demolición, notaría una leve contradicción que sin dudas alejaría, al menos a quienes aprecian realmente el “timeless luxury” o “herencia histórica” que como europeo conocés muy bien pero que en la práctica se hace ver como Las Vegas y no rinde honor a los antepasados venecianos.

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Vender “Own a piece of history” o “historic heritage” y entregar un copy paste de lo que fue pero cuya alma se derribó es subestimar al público al cual está dirigido, con lo que William Rey estaría justamente personificando lo contrario de lo que se lo acusa, intentando asegurar la fidelidad a lo que se promocionó y puede atraer a potenciales compradores. Léase, ustedes mismos boicotearon lo que promocionan, a llorar al cuartito.

No se hizo oír la voz del director de patrimonio, ni la de los ediles o personas implicadas políticamente que no estuvieron de acuerdo con las excepciones, no hay una visión de ciudad plasmada en normas claras y transversales que dibujen una cancha segura, no hay seriedad en el manejo de este tipo de expedientes, no hay información de calidad hacia el público en general en tiempo y forma, no hay castigo para omisiones, no hay restricciones para conflictos de intereses, pero el responsable no es el Arq. William Rey sino todos quienes no alzaron la voz, quienes no cumplieron su función o su parte de los tratos, comerciales o electorales que permitieron llegar a esto  Seguirá reiterándose, al menos hasta que la ciudad pierda todo el encanto que hasta ahora atrajo inversores y los mismos se vayan en búsqueda de esos mismos encantos perdidos entre debates desenfocados a otros pueblos que tendrán en sus manos el defender su identidad con políticos y actores de decisión responsables. Tú mismo has comparado los encantos de la ciudad como los Hamptons pero la visión y proyecto dista bastante de esa imagen y las acciones de demolición y copia están en las antípodas de lo que también aprecias en tu ciudad natal y jamás te permitirían hacer allí.

Nos hubiera encantado que se aplicara algo del know how y sabiduría italiana a la hora de preservar íconos respetándolos cabalmente y no solo en carteles carreteros. Nos hubiera encantado se fuera fiel a promesas de rehabilitación y no de empastes copy paste que jamás serían aprobados en Venecia. Hubiéramos soñado con una inserción en la comunidad no por choque y prepotencia sino de real involucramiento y ánimo de aporte a la misma, con un proyecto que sabemos puede surgir de la capacidad de alguien como Viñoly y no terminamos de entender, aunque quienes no lo entienden lo titulen de “Progreso”. Hubiéramos soñado con que un colega local aplicara su expertise para mejorar relacionamientos o entornos y dé lecciones de respeto a normas, no usando su prestigio para forzar una grieta con un proyecto que dista de ejemplos de su propia trayectoria.

Aunque tal vez y seguramente haya que agradecerles el poner en evidencia todas esas omisiones y carencias de nuestro sistema que devela muchas cosas a corregir. Mientras tanto mucha gente llora una demolición pero en realidad llora una irresponsable gestión urbana y nula visión de ciudad.

Siguiendo con el titular de hoy y lo anterior, el grupo Cipriani no tiene más daños y perjuicios que la propia comunidad por omisiones externas citadas y que aún así mantiene la esperanza de verlo como oportunidad y desafío para construir un proyecto que haga honor a los prestigios que hay detrás.

Pueden elegir el camino de la confrontación, el barrido de normativas y estructuras, la compra de privilegios y asimetrías y extenderlo en todo el proceso para perjuicio mayor de todas las partes o intentar construir desde la oportunidad que generan las crisis, de establecer un nuevo concepto de vínculo y aporte real y sólido, a un balneario y comunidad que merece mucho más que solo contradicciones y juegos políticos.

 

Arq. Gabriela Pallares
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