¿Cómo cuidamos las obras de arte en espacios públicos?

24/02/2019 | Actualidad

¿Cómo cuidamos las obras de arte en espacios públicos?

24/02/19 | Actualidad, Arte / Exposiciones, Destacados

¿Cómo cuidamos las obras de arte en espacios públicos?

24/02/19 | Actualidad, Arte / Exposiciones, Destacados

Un par de meses atrás fue vandalizada la obra de Julia Castagno Serendipia, expuesta en una de las nuevas plazas exteriores del Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo –EAC-, magnífico sitio que dio una nueva vida a la ex cárcel de Miguelete.

Poco tiempo después de instalada la obra, un hombre intentó destruirla a golpes, logrando romper su estructura y dañar las piezas que la componen. Este incidente tomó por sorpresa a los guardias que no llegaron a tiempo a detenerlo.

Hoy les planteo una reflexión sobre por qué suceden estos actos de vandalismo, qué incita a ello, ¿podríamos hacer algo para evitarlos? ¿cómo nos comportamos como sociedad?

Una obra de arte puede ser agresiva, puede ser perturbadora y, ante todo, es una manifestación subjetiva que nos moviliza, tanto para admirarla como para querer, en casos extremos, destruirla.

El vandalismo no es ajeno a la historia del arte. Los motivos pueden ser políticos o religiosos o también psicológicos; hay personas que han querido llamar la atención o reivindicar las más diversas causas a través del daño a una obra de arte. También hay motivos ocultos o que quedan sin explicación, furias irracionales y oscuras, actos impredecibles, sin causas ni lógicas.

Tal vez la pieza más famosa del mundo, la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, es un claro ejemplo. Si bien hoy es una de las obras más protegidas, detrás de un cristal a prueba de balas dentro del Museo del Louvre de París, y a varios metros de distancia donde se agolpan cientos de turistas que hacen rebotar sus flashes en el cristal, la historia de agresiones sufridas es larga.

En 1911, el cuadro fue robado por Vincenzo Peruggia, un empleado del museo. No se sabe a ciencia cierta por qué, se presume que intentaba llevar de nuevo a Italia, su lugar de origen, el cuadro de Leonardo.

En 1956, un visitante le lanzó ácido y, en diciembre del mismo año, una piedra, que hizo saltar parte de la pintura al lado del codo izquierdo de la Gioconda –otro de los nombres de la obra-, pudiendo ser restaurada.

En 1974, la Mona Lisa fue prestada al Museo Nacional de Tokio, donde una mujer roció pintura roja a la obra. La mujer alegó que protestaba por la decisión de no permitir el ingreso a la exposición a personas con discapacidades. A partir de ese momento, se le fabricó la especial caja de cristal en donde la vemos actualmente. Aunque eso no ha impedido un nuevo ataque, ya que en 2009 una mujer rusa lanzó contra el cuadro una taza comprada en la tienda del propio museo. El motivo declarado por la agresora fue que no le habían dado la ciudadanía francesa.

Otra obra emblemática terriblemente vandalizada es la Piedad, una de las esculturas más famosas de Miguel Angel. En 1972 Lazlo Toth rompió con un martillo un ojo, parte de la nariz y un brazo de la figura de la Virgen, mientras gritaba: “¡Soy Jesucristo!”.

El daño fue grave, pero lograron restaurarla en base a copias de la obra. Hoy, dentro de la Basilica de San Pedro en el Vaticano, podemos verla detrás de un cristal de alta resistencia.

La ronda de la noche de Rembrandt, obra de 1640, una de las piezas más importantes de la colección del Rijksmuseum de Amsterdam, también ha sido el objetivo de varios ataques. Primero hay que decir que fue el mismo museo que lo mutiló, ya que en 1715 cortó parte del cuadro para que cupiera en la pared que le destinaba, quitando a tres personajes de la escena. Posteriormente fue robado, encontrado y vuelto a colgar.

En 1911 un cocinero de la marina intentó rajar el lienzo con un cuchillo, sin embargo, solo llegó a romper el barniz.

El peor de los ataques lo sufrió en 1975 cuando un hombre rasgó en repetidas ocasiones la obra. La pintura fue restaurada, pero todavía se observan rastros de los cortes. Luego, en 1990, un enfermo psiquiátrico lanzó ácido sulfúrico contra la pintura. Gracias a la rápida intervención de los guardias de seguridad, que la rociaron inmediatamente con agua diluyendo el ácido, solo se arruinó el barniz y pudo ser restaurada.

Otra famosa pintura acuchillada fue la Venus del espejo de Diego Velázquez, que pertenece a la colección de la National Gallery de Londres. En 1914, una activista del movimiento de las sufragistas, Mary Richardson, en protesta por el arresto de la líder del movimiento, Emmeline Pankhurst, le dio siete cuchilladas al lienzo. En un comunicado de prensa de la época, Richardson declara: “Intenté destruir la imagen de la mujer más hermosa de la historia de la mitología, en protesta contra el gobierno por destruir a la señora Pankhurst, quien es el personaje más hermoso de la historia moderna”.

Aquí es interesante reflexionar sobre cómo se trató el tema, ya que los medios que reportaban la noticia, lo hacían en los mismos términos en que se referían a agresiones a personas y no a objetos. The Times por ejemplo, habló de “una cruel herida en el cuello” –dato equivocado, por otra parte- e “incisiones en los hombros y la espalda”.

Siempre vandalismo, pero con otro estilo: en 2007 un fantástico lienzo del artista norteamericano Cy Towmbly, recibió un beso que dañó el tríptico para siempre. Los restauradores probaron más de 30 métodos para quitar el labial, todos sin éxito. Y por extraño que parezca, por el daño producido a esta obra sin título valuada en 2.5 millones de dólares, a la agresora se le ordenó pagar 1.940 dólares al propietario, 650 dólares a la galería y 1 dólar al artista.

Hay listas de obras más o menos famosas, que han sido víctima de todo tipo de agresiones: el Guernica de Picasso, Suprematismo de Malevich, la Fuente (el urinal) de Marcel Duchamp o Ecce Homo, el fresco que la propia restauradora convirtió en una especie de mono peludo. ¿Puede decirse que Banksy vandalizó su propia obra al cortarla inesperadamente en medio de una subasta el año pasado? En este caso, el artista declaró haberla intervenido convirtiéndola en otra obra.

Se dice de la sociedad uruguaya que es conservadora, que somos más introvertidos y mucho menos demostrativos que nuestros vecinos, que manifestamos menos nuestras alegrías y nuestras frustraciones. Las ciudades del interior lucen en general cuidadas, limpias y poco “intervenidas” por sus habitantes. Montevideo tiene un poco menos de todo eso, es un poco menos limpia, un poco menos cuidada y con un poco más de participación de los que allí viven. Hay carencias importantes en el mantenimiento de las obras de arte en espacios públicos y también en privados, en fachadas de edificios atravesadas por el tiempo y algo más.

Estamos poco educados para respetar y apreciar lo que la ciudad nos ofrece.

En el caso de Serendipia de Castagno, desconocemos el porqué de la agresión. Fue un acto extremo al que, como sociedad habitante de esta “penillanura suavemente ondulada”, no estamos habitualmente expuestos. Para la artista y la institución, fue un hecho imprevisible y grave. De común acuerdo, convinieron en retirar la obra. Una pena para todos, que nos perdemos el disfrute.

 

Por: Mercedes Sader
Mercedes estudió curaduría y crítica de arte en Node Center for Curatorial Practices en Berlin y en Sotheby’s Institute of Art.  Es miembro de ICI (Independent Curators International), Productora de cine y Directora de Black Gallery, galería de arte contemporáneo, Pueblo Garzón, Uruguay.

 

 

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