Por Gaby Viera

Con esa pregunta propone el libro “A Monocle Guide: How to make a Nation analizar algunos conceptos sobre la identidad, la nacionalidad, los valores y características que definen un país.

En base a esa lectura, analizamos los aspectos que hacen a cada nación y nos preguntamos ¿cómo está Uruguay en ese sentido, qué tipo de Nación somos o queremos ser?

La guía Monocle

La obra es un delicioso y profundo estudio sobre los íconos más relevantes que se asocian a las naciones y las cualidades que los hacen diferentes del resto. Aquellos aspectos que de alguna forma indican que países son particularmente exitosos en términos de educación, economía o cultura y la forma en que comunican dichas características. Señas que pasan a ser un sello de identidad, de cultura, así como una forma de hacer las cosas.

Monocle ofrece un repaso detalladamente analítico, con una perspectiva global sobre estos indicadores de cada nación, y de la filosofía de vida asociada, idiosincrasias relacionadas a las cualidades de las naciones y muestran por comparación transversal, algunas pautas de cómo construir una comunidad y por lo tanto una nación.

Los aspectos que definen una nación serían aquello que identifica a un país, aspectos que se valoran y con los que se define la comunicación institucional. Son esos símbolos, señas o estilos que aplican y difunden embajadores, gobiernos o incluso la ciudadanía. Tienen que ver además con expresiones culturales, sociales y educativas que se convierten en una carta de presentación. Señales que de sólo verlas o escucharlas las relacionamos a un país y su acervo cultural. El eje sobre el que se genera la estructura es una pregunta inicial que guía el análisis, la reflexión y la construcción de esa identidad: ¿cómo se hace una gran nación?.

Un país, una marca de identidad

A partir de allí se muestran aspectos que van desde un parlamento moderno, la forma de relacionarse con las organizaciones internacionales, las artes, la cultura, hasta las fuerzas armadas, o incluso las telenovelas. Es una guía sobre cómo se crea una marca nacional, se diseña una bandera o cualquier aspecto que hace a lo que es un país en sus símbolos y pasiones. De alguna manera es fuente de inspiración, pero sobre todo de estudio y análisis que nos alienta a conocer y analizar esas características que definen a un país y las cosas que refuerzan esa forma de ser.

La fuerza y el arraigo de muchos de ellos nos demuestran de alguna manera porque muchos de éstos símbolos se quieren fortalecer o destruir – según el caso – ya que identifican a todo un pueblo y todos los atributos, valores y costumbres tienen que ver con eso.

Todo tiene que ver con el estilo e identidad de una nación. Y ello se construye incluso con aspectos a los cuáles muchas veces no prestamos suficiente atención. Desde cómo se gobierna, cómo se habla, el estilo de sus líderes, los uniformes de las fuerzas armadas, de sus fuerzas de seguridad, los uniformes de sus escolares, el diseño de sus edificios oficiales, plazas, ciudades y escuelas, los tipos de transporte, incluso el parlamento que refleja la sociedad que representa. El diseño del dinero, de los pasaportes, de los trajes típicos, de la cultura, la vestimenta, las costumbres, hasta su comida, los hábitos y los valores que definen una nación o con los cuales se identifican sus pobladores, todos esos aspectos hablan y construyen una nación. Sus monumentos, o acontecimientos nacionales o festividades. Nada es casual o arbitrario y todos esas costumbres, usos y símbolos van generando un nexo entre lo que se quiere trasmitir y como se comunica. En definitiva hablan de los habitantes de ese Estado y los objetivos que persiguen. Incluso como funciona la capital de una nación tiene que ver con como ese país quiere ser visto o percibido.

Ficciones de televisión, teleteatros y programación en general

En su gran mayoría, son los políticos o las autoridades quiénes gobiernan y llevan adelante muchas de estas acciones. Sin embargo esos políticos son producto de la sociedad que representan y son los ciudadanos quiénes ponen a los líderes en ciertos lugares de decisión:  eso también habla de que tipo de nación se es o se quiere ser.

Muchos de los aspectos que definen a una nación son pensados y creados con la intención de reforzar un atributo o de señalar una forma de identidad. Otros surgen de manera natural, genuina a través de expresiones de sus ciudadanos, otros también, improvisadamente.

La diplomacia en ese sentido tiene mucho que ver en cómo se quiere proyectarse Es allí en ese terreno dónde se cuenta quién hace a esa nación y qué atributos tiene. El diplomático según la guía Monocle debería ser un buen anfitrión, buen negociador y tener dominio de conflictos. En ese escenario la Embajada es la primera impresión de tu país en el exterior. “Es la oportunidad de traer tu nación a la puerta de otra persona”.

La influencia de los edificios y de la arquitectura es otra de las cosas a considerar: “Ya sea un palacio renacentista, un edificio del siglo XIX, una mansión o una construcción moderna, la embajada es un bastión de los valores nacionales. Es un estándar portador de un Estado. Oficialmente y en espíritu es una pequeña parte de su nación natal”.  La presencia o no de Fuerzas Armadas, de seguridad y de mantenimiento de la paz también tiene que ver con el estilo de nación que se construye. Su organización, roles, e incluso la vestimenta inciden en su imagen, así como la forma en que se construye la economía, o la comunidad también hacen a la construcción y fortalecimiento de un país. Una economía próspera que asegure calidad para sus ciudadanos es parte de las responsabilidades de una nación. Esto involucra al transporte, infraestructura adecuada, ciudades y zonas rurales con servicios, conectividad, el uso de la energía o los recursos naturales, los aeropuertos, los puertos, las industrias, aquellos sectores productivos que identifican la economía de un país, define también la construcción de una nación.

Cada acción del Estado trasmite y comunica la importancia y rol que se le da a cada área. Habla de la idiosincrasia, de los valores como país.

Pero sin duda que una de las principales fortalezas que hacen a una nación es lo que se llama “capital social”, aquello que mantiene unidas a las personas y que conforman la comunidad. El mismo puede ser alentado, protegido o cuidado por las instituciones y las leyes, pero la mayoría de las veces se da de manera natural o genuina y eso se da cuándo hay valores e intereses compartidos.

¿Por qué es importante el capital social de una nación? “Porque cuando tienes una nación que funciona muy bien, con más gente que comparte mismos valores y van en la misma dirección es menos probable que se tenga ciudadanos que se sienten excluidos de la sociedad. De esa forma una nación estará mejor preparada para enfrentar crisis nacionales y la economía es más probable que funcione mejor”. Cómo tratan a los niños, a los adultos mayores, a los discapacitados o quienes no van con las mayorías, habla de su construcción de identidad.

En ese sentido los espacios públicos toman una dimensión importante. Espacios donde los ciudadanos de diferentes ámbitos puedan mezclarse, intercambiar, compartir espacios y vivencias. “Estas herramientas son claves en la creación del capital social”.

Pero esto no se agota con la construcción de espacios por parte de las autoridades municipales, los espacios públicos exitosos dependen de que los mismos se vuelvan públicos y eso ocurre “cuando las personas se encuentran e interactúan de una manera significativa”. Su tejido urbano eso es vital.

“La creación de lugares públicos es el futuro de las ciudades” dice Fred Kent, fundador del Proyecto Public Spaces, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York. Él trata de convencer a los urbanistas de que allí está el sentimiento de propiedad compartida que las personas necesitan. Y además se necesita un destino, algo que hacer allí, deben ser motores autónomos de actividades y de acciones, “deben convertirse en un lugar donde la gente se encuentre y socialice”.

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Y uno de los principales valores de una nación es su educación. En ese sentido el enfoque de una nación hacia la educación dice mucho sobre sus ideales en general. El filósofo finlandés del siglo XIX Johan Vilhelm Snellman escribió al respecto: “La educación es seguridad para una nación pequeña”.

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El billete de 2 dólares de Singapur muestra a un maestro dando clase con el edificio de la Universidad detrás: el Banco Central de Singapur alineado con políticas educativas.

Luego están otros poderes que nos remiten a ciertos valores de identidad, el deporte, la música, la gastronomía, arte y cultura, entre muchos otros atributos. Son los llamados “Soft Power”, o poder suave, aquellos que sugieren muchos valores que surgen de éstos ámbitos. El tango en Argentina, el canguro de Australia, el diseño sueco, la moda francesa, el jamón español o las havaianas de Brasil son ejemplo de algunos de ellos.

El Estado celeste

Uruguay como nación tiene algunos de éstos aspectos olvidados a los cuáles no se les presta atención o sobre los que no nos detenemos a reflexionar.

¿Qué símbolos, o formas de ser o hacer nos identifican como nación?. Cuestionamos muchos de los símbolos construídos y las fechas patrias se festejan muy poco o pasan desapercibidas para la mayoría de los uruguayos. Incluso muchos se definen como poco patriotas al menos si se les compara con otras naciones de la región. La identidad más visible a nivel nacional ha sido la marca Uruguay Natural que difunde al país a través del Ministerio de Turismo. Sello que ha logrado unir diferentes ámbitos bajo la misma marca, con atributos asociados a la naturaleza, la playa, el campo, la cultura, la tecnología, la innovación, las ciudades pequeñas como valor, la calidad de vida, la tranquilidad, la calidad y origen natural de sus productos y un país a la “medida del hombre”, como muchas veces se ha definido. Sin embargo ese slogan tampoco ha sido ajeno a alguna crítica, porque la nación o algunas decisiones de sus gobernantes no han ido en ese mismo sentido.

El fútbol es otro de los grandes embajadores de lo que es el ser uruguayo, donde la selección nacional, “la celeste” o la “garra charrúa” identifican al país en el exterior. Algunos de sus jugadores más notables han hecho conocido al país como una nación de fuerte relación entre ese deporte y sus ciudadanos. Los poetas, el gaucho, el mate, el dulce de leche, el asado, el tango, el carnaval, pueden ser otros sellos de identidad en diferentes medidas. Incluso algún político, como Pepe Batlle o José Mujica han pasado a ser cada uno en su tiempo un sello de identidad de una forma de ser.

¿Pero qué aspectos son los que realmente identifican a la nación, al Uruguay? ¿Hay símbolos que nos relacionan a una forma de ser exclusivamente uruguaya? ¿O nuestros sellos de identidad son compartidos con otros y por lo tanto no nos ayudan a fortalecer ese relato que deberíamos construir cómo país?

¿Las Embajadas y los Embajadores son realmente representativos de nuestro potencial y capacidad de interacción comercial con otros países? O fuera de fronteras somos meramente  hijos de premios a carreras o apoyos políticos? ¿Nuestras empresas, lugares, servicios o productos tienen chances de competir en el contexto internacional o qué se construye desde adentro para proyectarlos?

¿Son esos elementos mencionados potentes a la hora de establecer diferencias con otros países o ayudan a una percepción de calidad en el contexto actual de nacionalidades? ¿Se puede evolucionar desde esos conceptos a otros actualizados o reversionados ?

¿El uruguayo se pregunta realmente que país o que nación quiere ser? ¿Dónde radica nuestro sentido de pertenencia, ese que nos aglutine a todos aún en nuestras diferencias?

Plantearnos esas preguntas podría ser un instrumento para construir una imagen que aglutine a todos e identifique la nacionalidad en esos símbolos que no dependan de gobiernos sino que sean expresiones más globales que integran la esencia del país.

Así como Uruguay es conocido por la industria de la carne, de la producción agrícola, de la soja últimamente, o de la producción forestal, también el turismo y la lechería han sido tradicionalmente íconos de la marca Uruguay como nación. Hoy se le suman la energía eólica, el software, la tecnología entre otras. Y esos sellos con vaivenes se han ido manteniendo y hacen a esa nación. Los problemas que muchos de esos sectores atraviesan hoy también hablan de que nación se quiere construir y dónde están las fortalezas y debilidades. El estado de su infraestructura, sus edificios, sus plazas públicas, sus instituciones. El estado de la educación, de la salud, la seguridad o la concepción de la calidad de vida de sus ciudadanos también tienen que ver con esa concepción. Sin embargo, ¿cuál de éstos atributos identifica a Uruguay hoy? ¿La carne, la lana, la madera, las playas, el mate, el dulce de leche?.

En algún momento la calidad de la educación, de su seguridad y de sus valores fueron bandera. Hoy nos debemos un debate que nos oriente hacia la construcción conjunta de la nación que queremos que el Uruguay sea.

De cara a las elecciones nacionales son temas que nadie suele tener en agenda y siempre se abordan unilateralmente según la oportunidad que obligue a una presentación más formal pero nunca se aborda integral, transversal, profesional y cualitativamente como construcción de imagena largo plazo.

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