Asistimos a una era donde todos los días observamos el avance de tecnologías que sustituyen paulatinamente la presencia humana. Es una realidad que no solo debe preocupar a los de avanzada edad o que ocupan puestos no especializados sino que los puestos más insólitos pueden ser pasibles de ser realizados por entes mecánicos. Si pensamos en una tarea repetitiva, bastante estandarizada y sin emoción no nos viene a la cabeza precisamente el trabajo de modelo de pasarela. Aun así, la última edición del desfile otoño/invierno 2018-2019 de Dolce & Gabbana en la Milán Fashion Week abrió con una sorpresa que lleva a reflexión sin dudas: la presentación formal de la cartera icónica de la marca creada para esta colección, en sus diversas versiones, recorrió la pasarela no en manos de Gigi Hadid o Kendall Jenner sino suspendidas en drones que sobrevolaban cumpliendo idéntica función.

Por ahora, la falta de belleza se compensa con originalidad, pero seguramente la tecnología avance como para ir presionando límites e introduciendo cambios en industrias y ninguna queda a salvo como quedó explícito en esta pasarela.

Al inicio del evento se solicitó a los asistentes apagar el wi fi de sus dispositivos móviles: tarea vana y casi imposible cuando  la sala reunía  a mas de 600 personas, y gran cantidad de la front row son justamente bloggers o influencers que estaban allí por su presencia en redes sociales. Sin embargo, 45 minutos después, una voz en parlantes nombraba uno por uno por su nombre aquellos que aun no habían acatado la medida, cual  director llamando a alumnos que se portaron mal a su despacho, conminándolos a obedecer las reglas.

La temática del desfile era “Devoción a la moda” y predominaban en escenografía y vestidos o accesorios, extravagancia renacentista  propia de la marca italiana, ángeles, cruces, o santos, si bien el público parecería más devoto hoy en día a las nuevas tecnologías que a antiguas imágenes sacras.

Algo más tarde y seguramente ante alguna fuerte protesta de Anna Wintour que comenzaba a perder la paciencia, se apagaron las luces y abrieron las puertas doradas dando comienzo  al show al son de música de Kendrick Lamar  ‘All The Stars’.  Aun así, nada de ropa, nada de modelos, continuaba la expectativa.

Ante la mirada atónita del público, avanzaron drones en pasarela escoltados en los laterales por personal ataviado con túnicas y guantes estilo científico: una apuesta a la diferenciación en un contexto de creatividad forzada por secuencia y renovación de colecciones temporada tras temporada y sus formas de comunicarlo.

Luego de esa pasada, se volvió al anticuado método de las jovencísimas modelos usando ropa de la última colección de la marca. Puede verse la colección completa en este link.

En esa misma semana, Gucci había previamente desfilado en un ambiente que recreaba un quirófano, con modelos desfilando con réplicas de sus propias cabezas: una forma sobrecogedora y que seguramente no dejó indiferente a nadie de comunicar el esfuerzo de sincronía y precisión que requiere el armado de cada colección en la industria de la moda.

Por diez minutos, todos fueron devotos de la moda, pero al encenderse las luces y el wifi, todos volvieron a rendir culto a los smartphones.

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