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Hasta el 31 de julio de 2017 puede disfrutarse la oportunidad de ver una retrospectiva del artista Yves Klein en Fundación Proa, Buenos Aires, y de paso, recorrer el divino edificio que la alberga. 

La Fundación es una fija de cada uno de nuestros viajes; su programación es de primera línea y los almuerzos en la terraza de su restaurante en el último piso con vista al río un descanso impregnado de una vista porteña como pocas.

Esta primera gran retrospectiva del artista en América latina nos muestra a un provocador, que constantemente hacía borrosas las fronteras entre el arte y la vida, entre la pintura y la performance, entre los objetos y las ideas. Repensando su propia época desde una perspectiva espiritual y estética, actuó como bisagra con las generaciones venideras, permitiendo la irrupción de otros movimientos como el arte conceptual, el minimalismo y el pop. Su objetivo revolucionario consistía en repensar radicalmente el mundo en términos tanto estéticos como espirituales.

La muestra de Yves Klein se acompaña de un intenso programa de extensión cultural que se desarrollará durante la exhibición. Incluye charlas y seminarios y un programa educativo especialmente diseñado para comprender la relevancia del artista francés y para disfrutar en familia los aspectos más interesantes de la muestra.

La exhibición cuenta con más de 70 obras y alrededor de 100 documentos, incluyendo las producciones más emblemáticas del artista francés, uno de los mayores exponentes del arte contemporáneo del siglo XX y creador de un nuevo color en la historia del arte: el International Klein Blue (IKB). De trayectoria audaz e infinita, Klein es muy reconocido por las nuevas generaciones, quienes rescatan tanto sus gestos performáticos como sus notables escritos y la audacia en sus obras.

La muestra reúne sus primeras pinturas monocromáticas de 1955; sus célebres cuadros de azul ultramarino saturado; las pinturas de fuego; las Cosmogonías de lluvia y viento; las series de Esculturas Esponjas y las obras en oro –resultado del trabajo de varios años combinando práctica pictórica, espiritualidad, la fuerza de la naturaleza y la exploración de un camino hacia lo absoluto.

 

Yves Klein (1928-1962). Pigmento y resina sintética sobre bronce, hoja dorada sobre madera.

Klein es también uno de los precursores del happening con la realización de sus Antropometrías en público, el Salto al Vacío, la iluminación del Obelisco de la plaza Concorde, entre otros proyectos que integran la exposición a partir de documentos, registros, escritos y una exhaustiva presentación de material de los Archivos del artista.

A través de sus obras, Klein cambió el foco perceptual desde el objeto material hacia una “sensibilidad inmaterial”, desafiando las nociones preexistentes sobre el arte e inyectándolas de un nuevo sentido de espiritualidad a través del color puro: “Con el color alcanzo un sentimiento de plena identificación con el espacio y estoy completamente liberado. Busco, por sobre todas las cosas, alcanzar en mis creaciones esa “transparencia”, ese “vacío” inmensurable en donde reside el permanente y absoluto espíritu liberado de todas las dimensiones”  (Yves Klein)

El grado en que Yves Klein empujó su experimentación con ideas y materiales es impactante para un tiempo en que las prácticas conceptuales no eran tan comunes. Sus trabajos con modelos vivos intentan registrar las energías cósmicas del cuerpo, rociando con pinturas los contornos de las modelos. Estas Antropometrías reflexionan sobre el tiempo y la presencia física en un plano material.

Esta vez nuestra corresponsal en el lugar fue la diseñadora de joyas Adriana Guelfi, que anotó su impresión:

_Una retrospectiva interesante, bien organizada temporalmente y con un montaje que nos permite hacer foco en cada obra.  Un artista precursor de varios movimientos modernos que vale la pena conocer. El monocromismo de su azul intenso, puro, vibrante y homogéneo sirve en este caso para conectar distintas historias y etapas de su trayectoria. Todo lo cubre, lo resalta, lo disimula o se superpone sobre sí mismo. Una búsqueda y exploración incansable de objetos, superficies y metodologías para transmitir diferentes sentimientos a través de un mismo color: el “Azul Klein”.