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Estudio Null es una de las marcas que irrumpen con fuerza en el panorama del diseño uruguayo. En un contexto alimentado por un número creciente de egresados de escuelas de diseño locales, y de un público más exigente que accede a información global, son varias las tiendas que surgen creadas por jóvenes creativos que compiten para favoritos a la hora de la compra de vestimenta.

Pero no todos tienen algo diferencial para decir ni trabajan para dejar su huella en forma sólida y con una filosofía impregnada desde la moldería.

Clara Aguayo (25) y Renata Casanova (26) se conocieron cuando cursaban Diseño de moda, primero en la EUCD, y luego en la UTU. Esa secuencia educativa las nutrió de un doble manejo en áreas estéticas y de diseño, pero también de producción, corte y moldería, que conjugan en formas innovadoras partiendo de una madurez y conceptos que trascienden su obra y las instala como protagonistas de un cambio.

Estudio Null recibe su nombre que en danés significa “cero”, a partir de la política del cero desperdicio, la reducción del impacto y la producción responsable. También tiene que ver con una mirada minimalista y austera de reinterpretación de básicos. Si bien no debe confundir el minimalismo con ausencia de sustancia: la ropa de Null es cualquier cosa menos intrascendente, desde su concepto o sus formas dinámicas, su moldería compleja y adaptable, sus pliegues y costuras perfectamente calculados para un impacto monocromático, la caída del cuerpo y lo que genera desprendiéndose del mismo, generan miles de lecturas y posibilidades de una misma pieza. La potencia de expresión que puede lograrse sin brillos, adornos, o hechuras a la moda queda en evidencia en el corte y sastrería desarrollando piezas con carácter que hablan por sí solas sin necesidad de cualquier recurso habitual en otras grifas.

Su primera experiencia comercial al público, un local en Sinergia Design recién inaugurado, plasma físicamente con una estética del vacío bien aplicada los preceptos de la marca. Un espacio doble altura con taller de confección en planta alta y exhibición sin nada superfluo, con una gama acotada de colores neutros, dos metros de percheros, y piezas decorativas como muebles laqueados o la instalación de vidriera,  de diseñadores colaboradores, son la clave para expresar espacialmente la filosofía textil.

Charlamos con Renata y Clara a pocos días del inicio de operaciones al público.

¿Cómo ha sido la apertura del local?

Estamos adaptándonos a los cambios, trabajando para ésto. Todo ha sido muy intenso y requiere ajustar nuestra gestión para optimizar roles y cubrir nuevas funciones. Al tener poca infraestructura tenemos que dividirnos para atender al público que le gusta consultarnos y vernos en el lugar, y a nosotros nos sirve para tener feedback en tiempo real de lo que colgamos en las perchas. Todo eso sin descuidar la confección y áreas de gestión comercial.

Al tener una formación y experiencias similares, ¿Qué aporta cada una al equipo?

Ambas diseñamos pero Renata es la especialista en cortes para aprovechar las telas y Clara es quien está mas en la sastrería.

¿En qué consiste el hecho de estar incubadas en Sinergia?

Nuestro nacimiento fue en Sinergia Cowork, nos presentamos a un llamado en la ANII con el proyecto conceptual y comercial de la grifa y ganamos. Nos incentivaron a que enfocáramos el diferencial de marca de la ingeniería del corte de la ropa y el concepto de sustentabilidad, y lo perfeccionamos al extremo de que al cambiar de talles si la tela no da, se modifica la costura o determinados pliegues para que cierre el concepto, lo cual genera singularidades que rompen también por ese lado la fabricación “en serie”. La premisa es la del cero desperdicio: no debe tirarse nada del material con que se confecciona la prenda.

A partir de allí fuimos fortaleciéndolo y avanzando con asesorías en distintas áreas: comunicación, finanzas, o marketing. Sinergia nos da el lugar físico que se financia parcialmente con esos fondos de la ANII

Tienen piezas muy pensadas y alineadas con la colección, ¿como pensaron la instalación del local?

El local debe acompañar el concepto y como tal, todas las piezas se pensaron expresamente. Nos estimulan las asociaciones con diseñadores de ramas complementarias: así el Estudio Sep7em hizo los muebles: mostrador y banco en chapa laqueada, y de otras colaboraciones surgieron los murales gráficos, las piezas de fibra móviles de la vidriera y en breve ya tenemos un lanzamiento de accesorios siguiendo la línea de nuestras prendas.

No es un local típico lleno de mercadería, pero sí muy de acuerdo a nuestra línea de trabajo: en 20m2 hay sólo 2m lineales de percheros con prendas que no pasan de moda, son transversales a estacionalidades, generaciones e incluso a sexos. No es necesario tener un placard lleno: sólo elegir inteligentemente y combinarlo de forma práctica y funcional.

¿Cómo eligen la materia prima para la confección?

El mercado local no es precisamente fácil para eso y no hay proveedores estables: es habitual preguntar por telas de determinado tipo, la vendedora te diga “no tengo nada de lana, es todo polyester” y luego de revolver un rato encontremos algunas joyitas con mezclas muy interesantes, o saldos olvidados de calidad de exportación. Si es algodón, buscamos orgánicos y siempre miramos bien las etiquetas pero tampoco podemos ser radicales a ultranza. Exploramos en tiendas, depósitos o mayoristas y ese resultado también determina líneas creativas.

Los tonos son los que suponen básicos y ya hay clientas que nos identifican y nos piden eso: una paleta de neutros bien estructurada y transversal que no cambie por modas pasajeras.

 

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En el taller sobre el espacio de ventas, reinan las bobinas de tonos blancos, grises o beiges, con alguna excepción algo menos neutra pero igualmente plana que sacarán para el verano. Sin embargo no cambiarán la colección: seguirán estando colgadas las piezas previas en simultáneo a las nuevas. La renovación la pautará la demanda o la ausencia de esos tejidos a ser sustituídos por otros, con variaciones de peso que se refleja en distintos resultados de estructura, corte o languidez de los modelos. Los buenos tejidos tienen la virtud de respirar y adaptarse a distintos climas: “en Italia los hombres en verano usan traje también y funciona” con lo que las piezas tienen la cualidad de ser aptas para todo el año sin necesidad de comprar cada cambio de estación.  Otra virtud no menor es que una misma prenda puede usarse de distintas formas generando resultados distintos, puesta hacia adelante o hacia atrás, agregándoles una cualidad de versatilidad adicional.

A corto plazo esperan poder consolidar el espacio de Sinergia como tal, más proyectos con  asociaciones estratégicas y a largo plazo, exportaciones al exterior.

El camino de Estudio Null seguramente no sea el más transitado por colegas, y también por eso suponga un punto fuerte que les permita posicionarse ante franjas de público que buscan alternativas en la moda local peleando su lugar desde la calidad y el valor agregado.

Como tarjeta de presentación, dirá mucho del usuario el vestir piezas con esa tecnología de cortes, filosofías de uso y coherencia con una ética que más allá de la estética, apela a cambiar costumbres destructivas arraigadas o mejorar el medio ambiente, y se ocupa del tema en forma activa.