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Micropia no es un museo cualquiera, de hecho fue premiado a poco de su inauguración en 2014 como el más innovador de Europa. Es el lugar donde desprenderse de la idea de que los microbios están asociados con enfermedades y conocer su función esencial en la vida humana.  Allí definitivamente se hace visible lo invisible.

Inaugurado en 2014, en Amsterdam, es el primero de su tipo en el mundo. Ademas de difundir sus cualidades, sirve de plataforma de estudios de mocrobiología sirviendo de canal informativo entre la ciencia y el público en general. Todo está vinculado a su interacción con nuestra vida cotidiana, y podemos hallar la respuesta a preguntas como qué forma tiene el microorganismo que lucha contra el cáncer

Uno puede pensar que estamos solos pero resulta que los microbios constituyen dos tercios de los organismos vivos de la tierra, o sea que millones de ellos nos acompañan a todos lados sin ser percibidos siquiera.

Hay 25.000 bacterias por centímetro cuadrado en la superficie de un teléfono móvil —está científicamente probado que puede tener más bacterias que el asiento del inodoro. “No es tan sorprendente. Nunca lo lavamos, suele ser agradable y calentito y entran en contacto con lugares donde a los microbios les encanta estar: tu mano, tu oreja, tu mejilla y tu boca”. Con la concisa explicación, los responsables de Micropia no se refieren a que el aparato sea una fuente de infecciones. Necesitamos estar en contacto con los microbios, son parte de nuestro organismo y estar expuestos a una gran variedad de ellos nos fortalece.

Este particular zoo en que se expone una vasta colección de microbios fue imaginado por el director del zoo real de Amsterdam: Artis. Doce años y 10 millones de euros después de la concepción de la idea, “Micropia” es una realidad junto a Artis.
“Los zoos tienen tendencia a mostrar solo una parte de la naturaleza, es decir, los animales grandes”, asegura  Haig Balian, director del Artis : “Nosotros queremos mostrar hoy la micronaturaleza”.
Balian afirma que la importancia de los microbios siempre se ha subestimado desde su observación en el siglo XVII por el que se considera padre de la microbiología, el holandés Antonie van Leeuwenhoek, quien si viviera no daría crédito a lo que han generado con el foco de su trabajo.


Hoy en día, los microorganismos se emplean para producir biocarburantes, desarrollar nuevos tipos de antibióticos o mejorar el rendimiento agrícola.
Numerosas experiencias han confirmado su potencial para usos tan variados como la producción eléctrica, el fortalecimiento de las fundaciones de edificios o la lucha contra el cáncer. (En cuanto a las cimentaciones de edificios por ejemplo, hay estudios en universidades en Chile y Mexico, de avanzada por tema terremotos donde se emplean  bacterias para acelerar producción de sustancias como el carbonato de calcio, a fin de conectar las partículas de suelo, aportando rigidez y evitando asentamientos. )


“El interés por la microbiología nunca aumentará si la dejamos sumida en la oscuridad, abandonada en manos solo de unos expertos”, sostiene Balian. “Queremos mostrar a los visitantes que todo está relacionado en la naturaleza y los microbios desempeñan un papel fundamental”.
Cada humano adulto tiene alrededor de kilo y medio de microbios en el cuerpo, y sin ellos se moriría.
La mayor parte del zoo, que se presenta como el primero de este tipo en el mundo, se parece a un laboratorio. Varias filas de microscopios conectados a pantallas gigantes muestran todo tipo de microorganismos.
Más adelante, el visitante puede observar por una ventana un laboratorio de verdad en el que se cultivan diferentes variedades de microbios, o bien se encuentra ante un modelo gigante de virus Ébola, que está causando estragos en África del Oeste.
En la primera planta del zoo, una pantalla gigante instalada en el techo del ascensor muestra, en un ojo agrandado al máximo, todos los organismos que viven debajo de nuestros párpados.
También es posible observar la reproducción de los microbios gracias a un microscopio 3D especialmente concebido para el zoo, y pasar por el escáner de microbios, que indicará al visitante cuántos y dónde viven en él.
Los enamorados podrán besarse delante del “Kiss-o-Meter”, que indica cuántos microbios se intercambian durante el beso.


“¿Sabía usted que 700 especies de microbios viven en su boca? ¿O que 70 tipos de hongos viven en su talón?”, sonríe Balian.

Otro acierto ha sido la campaña de comunicación del lugar, tarea nada fácil. El responsable de darle forma al continente de Micropia ha sido el holandés Mark de Jong, de la agencia Kossmanndejong, quien  ha estado trabajando con el reto de “¿cómo contar la historia de un inmenso mundo invisible?”.

Un punto obligado de la visita a la ciudad de los canales e ineludible si viaja con niños. No apto para hipocondríacos desde ya.