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Desde el instante en que uno flanquea la puerta de hierro y vidrio del local de Min Agostini en San Telmo, intuye que la visita será mucho más rica de lo que uno  anticipa. El espacio abierto y despojado recibe con una antesala que oficia de  galería de arte con piezas icónicas de ediciones especiales o colaboraciones de la diseñadora con artistas de la talla de Marta Minujin, Fernando Poggio o Rogelio Polesello.

Una instalación de maderas laminadas  envuelve y recorre todo el lugar: se trata de “Floradera”,  obra de la artista plástica Sarana Vadearte, realizada con descartes de  fábricas de mobiliario.  Min surge entre ellas saludando cálidamente.  Es mediodía y alterna atención a prensa, con clientas que van llegando a su atelier. Esa agenda no se arma de un día al otro y es fruto de un trabajo intensivo que Min ha cultivado en los últimos 10 años dando un giro a una vida formada en Arquitectura pero que viró hacia la moda, destacándose en forma inmediata. Su trabajo ha sido reseñado por medios internacionales de la talla del New York Times, Town and Country, Forbes o The Independent, y fue incluída entre los 100 diseñadores de moda contemporánea en el libro de la española Paz Diman. Premios como el Tijera de Plata en Argentina y otros han cimentado su calidad creativa no sólo a nivel local sino fuera de fronteras.

El lugar es una vivienda reciclada de planta baja libre con patio de luz lateral, que oficia de showroom, un entrepiso como taller, y una planta alta residencial a la que llegó luego de experiencias  comerciales en el barrio de Palermo. Circunstancias de la vida como haber tenido familia ya consolidada profesionalmente, unido a la idea de optimizar recursos la hizo buscar la reunión espacial de sus dos facectas: la familiar y la profesional, lo cual inconsciente o estratégicamente la ubica en un punto de  valorización ya que atiende previa cita a clientas que la buscan más allá de donde opere.  Con eso compra eficiencia de tiempos y flexibilidad para disfrutar  y ver crecer a su hija. Esa nueva etapa de su vida la encuentra priorizando ese balance que a veces es esquivo, siendo más reflexiva en cuanto a quién quiere recibir, de qué forma, qué tipo de producción quiere tener y qué difusión quiere generar de su trabajo.

Tras un recorrido breve por esa suerte de galería, un living con piezas clásicas modernas cerca del patio espera con carpetas de portfolios preparadas, bandejas de té de jengibre y bocados caseros, una mise en scene que habla del tipo de experiencia que ofrece al visitante, y el cuidado de los detalles para lograrlo.  El outfit de Min es sin dudas su mejor carta de presentación además de su charla espontánea y generosa: una construcción capa sobre capa que lejos de resultar cargada disimula sabiamente los puntos que en su opinión debe disimular, corte de pelo moderno y un hablar pausado y tranquilo son señales de alguien que ha transitado  y experimentado mucho para llegar allí y sobre todo sabe de su potencial creativo y lo construye valorizándolo día a día.

_ ¿Cómo fue la transición entre la arquitectura y la moda?

Siempre fui inquieta, yo soy entrerriana pero estudié en Buenos Aires y el último año lo hice en Estados Unidos, luego me fui a Londres contratada por una revista de arquitectura. Allá me perfeccioné, y hasta edité un libro de pubs! Al volver hice algunos trabajos en Entre Rios y luego en el Estudio de Solsona. Para el año 2004 comencé a diseñar moda; el primer año gané un Premio por el cual me fui al Instituto de Diseño Europeo en Milan, y a partir de allí, me quedé en la moda.

_ ¿Te formaste en moda o sos autodidacta? 

Creci con mi abuela y mi madre haciéndonos los vestidos como muchas en esa época, las veía trabajar y el cuidado que ponían en las terminaciones. Mi madre no trabajaba sobre moldes sino que construía sobre el cuerpo, experimentaba y perdía el miedo a la tela, y de allí me quedó esa metodología. Esa audacia es la que intento transmitir  a mis alumnas cuando doy clases. Tengo esa parte familiar integrada como método pero también me capacité en el Master de moda en Milan.

_ Tus diseños son muy atemporales, ¿como manejas la estacionalidad y la relación con las modas mas pasajeras, desde el punto de vista estético y comercial?

Tengo clientas que tienen piezas mías en su guardarropas desde que empecé hace 10 años y lo siguen usando. Nuestras líneas son muy modernas, consecuencia de mucha experimentación y búsqueda de determinados tejidos, caídas  o movimientos, pero también pueden remitir a los años ´50. Igualmente tenemos líneas más ponibles, o básicas, piezas más simples, seriadas, con costos muy moderados que sirven para complementar cualquier conjunto diario. Se arma también en un maniquí  pero se genera una moldería para replicarlo en el taller con instrucciones precisas. Tienen la virtud de que sin estar armadas en base a talles quedan bien en distinto tipo de cuerpos. Tengo un flujo bastante continuo de clientas fieles que vienen periódicamente, es un negocio sustentable.

Por otro lado igualmente es una lucha permanente por establecer las diferencias en forma cabal: hoy en día el diseño de autor está bastante tergiversado: cualquiera manda chicas de 20 años a Europa a buscar modelos, los copian, arman en un taller acá la moldería y lo replican hasta el cansancio. Eso no es diseño y menos de autor.

_ ¿Cuál es el aporte de la arquitectura en tu método de trabajo?

El diseño de indumentaria está concebido usualmente en 2 dimensiones, casi siempre unido en costuras laterales. Yo pienso en 3D, armo sobre el cuerpo y los laterales suelen tener su historia y estética propia.  Se resumen habitualmente en cortes rectangulares que envuelven cualquiera sea la propuesta en una sola pieza y pueden ponerse de distintas formas. Todo tiene múltiples miradas y resultados: suelen leerse en forma distinta de frente, de espaldas y también en sus laterales. El cuerpo es quien manda pero la tela es quien habla, y en función de ambos se logran soluciones particulares en cada caso, muchas veces irrepetibles o con variaciones convenientes según lo que se desee destacar o disimular. Salgo de las terminaciones laterales habituales, y todo esta terminado a mano.

Andrea Saltzman (directora de la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil FADU UBA) dice que mis prendas son como accesorios, que complementan cualquier atuendo y los eleva  otro nivel

_ ¿Sos presencia permanente en fashion weeks o tenés tus propios ritmos? ¿Puede uno abstraerse de esa agenda de renovación de colecciones?

Los primeros cuatro años era bastante intenso, trabajábamos sin parar para presentar colecciones en una feria y en dos días vendíamos todo, lo hicimos por varios años pero cambié cuando tuve a mi beba. Además cuando uno vende a ese ritmo debe asegurar un flujo de producción que no siempre es posible, debemos asegurarnos que existen los insumos y géneros  en plaza y en estos tiempos es complicado.

Hoy las prioridades son otras y me sirvió para reordenarme, evaluar de donde vengo, hacia donde quiero ir , y hacerlo en forma sólida y planificada.

 

_ ¿Quienes son las clientas de Min Agostini? 

Nos pasa cosas muy curiosas como diseñar un vestido para una adolescente y que ese mismo modelo sea luego vendido en otro paño a una señora de 70,  y a ambas les queda genial. Realmente cruzamos varias generaciones y tenemos clientas muy fieles que vienen a buscar diseño de autor personalizado. Me gusta recibir, atender, escuchar y proponer, esa dedicación es la que aprecia nuestra clientela que busca el producto y no un resultado de campañas de marketing.  De hecho, tenemos varias que que vienen desde Montevideo.

_ ¿Esa atemporalidad que mencionaste no genera que te repitas, o como te renovás sobre ti misma?

Me manda cada género que voy encontrando. Al comprar selecciono en base a un gusto particular por determinada estructura, peso, textura o color, pero en el taller voy viendo las coordinaciones o compatibilidades entre todo eso más intutivamente, busco esas coherencias entre paños que surgen en ese momento y no cuando las seleccioné previamente.

A mí me inspira cualquier cosa, desde un contenedor de basura a viajar cuando se puede, siempre lo hice hasta ahora que bajé un poco el ritmo para dedicarme a mi hija que ahora tiene un año y medio. En paralelo, construimos en base a mucha experimentación, ensayo y error. Ese vuelo que ves en ese vestido, por ejemplo,  está armado con una cinta  tubular de goma de calefacción.

_ Tenés un producto muy específico pero a la vez que puede gustar muy globalmente, ¿Cómo has evolucionado con la comercialización hacia el exterior?

Argentina sigue teniendo muchas trabas, aún no se normalizó del todo. Yo fui la primera diseñadora argentina que invitaron a desfilar a la New York Fashion Week. Fern Malis la creadora de la Mercedes Benz Fashion Week me conoció en el primer desfile en la Embajada argentina y me volvió a invitar en otras ediciones. Eso fue en el verano del 2010 y tuvo muy buenas repercusiones en general. Luego hubo rondas de negocios donde vendimos en dos días a 8 tiendas, pero al llegar fue todo otro tema el ver como cumplíamos con los pedidos porque escaseaban algunos insumos.

Vendimos mucho tiempo a la tienda del MoMA de San Francisco, las front row de esos desfiles hay mucho comprador que detecta novedades y las canalizan de distintas formas. Igualmente la moraleja es que se debe asegurar el producto final cuando se vende  por cantidad  y en las condiciones del país actuales aún no hay garantías de que uno pueda cumplir compromisos con calidad de excelencia para pedidos de grandes cantidades.

Hay cláusulas como que no se permite importar seda natural “para propiciar la industria de la seda en argentina” cuando es nula y requiere años de desarrollo.  En definitiva uno debe jugar con esas reglas y obliga a generar algunas soluciones sui generis que derivan en texturas innovadoras, que si bien tiene sus ventajas, es un camino de muchos más costos e intermediarios que en muchos casos deja de ser competitivo.

_ ¿Cómo trabajas con tu personal para lograr estas piezas?

Tengo talleres pero es muy difícil conseguir mano de obra calificada, tengo que formar yo el personal.  Trabajo con gente al lado mio, viendo como armo un modelo y sigue instrucciones de ejecución muy precisas. Lo nuestro esta entre lo industrial porque debe tener perfección y lo artesanal por los acabados a mano. Los trabajos nuestros son series muy limitadas con terminaciones a las cuales pocos llegan a los estándares que exigimos.

_ ¿Esa sinergia con artistas cómo fue surgiendo?

A Marta Minujin la vi en un café, y  le llamó la atención cómo estaba vestida. Nos saludamos, yo la admiraba y le dije que me encantaría vestirla y a partir de allí hicimos muchas colaboraciones, sus monos son ya icónicos y la cartera Acodarte que sirve como apoyabrazos (y es realmente cómoda!) son algunos ejemplos. María Kodama también es clienta, mucha gente creativa que busca ropa diferencial que llama la atención por estructura y no por brillos.

_ ¿ Tu instalación en este lugar  fue planificada estratégicamente o fruto de la casualidad?

Tuve un local en Palermo con un patio divino pero cuando tuve familia me quedaba complicado. Tengo la suerte de tener una hermana que es comunicadora social, yo soy creativa pero comercialmente ella me da su mirada, junto a mi marido que también colabora en lo administrativo. El estar acá me permitió primero mudar mi casa, y luego iban surgiendo trabajos con artistas que necesitaban el espacio y yo encantada asi que fue tomando personalidad propia. También me permite graduar el flujo de clientela, eventos y compromisos según mi agenda. Yo antes trabajaba 15 horas por día sin parar, en varios proyectos a la vez, y ahora estoy en una etapa donde ya demostré lo que puedo hacer, y quiero disfrutar ese crecimiento en la empresa pero también de mi familia. El contacto uno a uno, el sentarse a charlar y conocerse, compartir un momento especial, generar vínculos de calidad es lo que me estimula, todo alejado del habitual show off de la industria.

_ ¿Qué viene en el futuro cercano para Min Agostini? 

Quiero ir a Brasil, tengo varias clientas allí y es un público que adopta vanguardias, estamos trabajando en eso, así como en una colección para chicos que estoy experimentando con mi hija.

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Ser diseñador de moda en Buenos Aires y haber sobrevivido comercialmente  los últimos años de restricciones no es  un mérito menor. Sin embargo, fenómeno latinoamericano si los hay, de los obstáculos surgen  posibilidades de diferenciación, que quienes tienen el know how más consolidado transitan como vitaminas para su creatividad.

Min es el ejemplo  de creativo todo terreno que batalla con esos  obstáculos e igual tiene la virtud de generar piezas diferenciales con un valor agregado per se y no por campañas o ruidos masivos. La construcción de envolventes con carácter, la creación de diseños de vigencia eterna, la consolidación de una empresa sustentable y con identidad propia, y la consecuencia con su propio estilo de vida son logros de alguien que lejos de haber probado todo lo que puede hacer, aun tiene mucha tela para cortar, y gente innovadora para vestir. Porque hay una vanguardia que no necesita vestirse con brillos o de formas gratuitamente provocadoras sino con piezas de lecturas más complejas, con declaraciones de carácter, un vestido a la vez.

Fotos Tienda: G.Pallares / Otras Min Agostini Facebook