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Los taxistas de  Milan podrán no saber de estilos arquitectónicos, sobre la Fundación Prada, o la calle donde se encuentra,  pero desde hace un tiempo, seguro saben del “Edificio Dorado”.

Y no es en vano,  el tema del momento en la ciudad.
De esas cosas que por tan simples e impactantes, evocan admiración y varios “Cómo no se me ocurrió antes!?”
Su autor, Rem Koolhaas explicó que la doradísima fachada, fue una decisión impulsiva de último momento al pensar terminaciones: “El dorado está muy subestimado para fachadas y sin embargo tiene una relación costo/efecto muy superior a otros como el mármol”. El proyecto en general es acerca de la reunión de distintos materiales y texturas, de intervenciones y yuxtaposiciones de estilos y épocas arquitectónicas, recorrido que da un carácter bien excepcional al resultado final
Ubicada en la zona sur de Milan, la Fundación Prada está inserta en una zona de bloques residenciales, galpones industriales o concesionarias de autos, no muy glamoroso, pero héte aquí la sorpresa justamente al descubrir este tipo de estructuras fantàsticas asomando en el paisaje.
El lugar, tuvo una vida pasada como destilería, con edificios de un siglo de antigûedad, pero ahora sólo se dispara la atención hacia el bloque dorado y el resto de los 19.000 m2 se va descubriendo de a poco.

Se agregaron dos nuevos edificios al conjunto, sin contar una torre alta aún en construcción, uno un cubo de una suerte de espuma de aluminio que se percibe como porosa y brilla como plata, el otro tiene una fachada reflectiva. Todos los edificios conviven, se solapan, interponen, cruzan por el aire, celebrándose entre sí y generando varios espacios exteriores de distintas dimensiones y terminaciones. Esa conformación recuerda muchos recorridos de ciudades italianas con sus calles y piazzas en cuanto a escala…