Si hubo un local emblemático en la España de los años 90 fue el Teatriz: un restaurante super top que reunió a lo máximo del jet set madrileño en los años del destape creativo, y a 3 visionarios en campos creativos para su concepción.
Philippe Starck, diseñador reconocido mundialmente, firmó la decoración de la que supuso su primera obra en España y puso al Teatriz como símbolo de vanguardia del diseño interior español. La iluminación estuvo a cargo de Arnold Chan, considerado uno de los mejores iluminadores del mundo y responsable de la luz de los mejores locales de Nueva York. La imagen se encargó a Javier Mariscal, el creador de Cobi, la mascota de los JJOO de Barcelona 92. 

La reforma de Starck estuvo enmarcada en el inicio del posicionamiento de España como centro de movida del diseño, unido a una generación de creadores locales que venían tomando fuerza, difundidos por revistas como Ardi u On Diseño, en épocas pre internet, las biblias de información de la avanzada española.

Las dificultades de escala del lugar y el problema de la excesiva dimensión en altura del comedor se resuelve jugando con un revestimiento perimetral de madera, a la altura de la planta baja, y una cubrición con cortinaje gris en todo el resto del perímetro en altura, correspondiente a lo que eran los antiguos palcos. Esta cubrición hace que se pierda la escala del espacio, pero – como todo lo demás – le sirve a Starck como elemento a manipular y, es así, como sobre el acceso frente al escenario un soporte daliniano levanta parcialmente el cortinaje para mostrar verdaderamente otra zona de la primera planta, el club privado, desde donde también se puede observar.
El edificio de 900 m2 en 3 plantas, fue construido en los años 20 como Teatro Infanta Beatriz, e inaugurado por Alfonso XIII. En ese lugar, Federico García Lorca presentó sus Bodas de sangre.

Según ha declarado Plácido Arango, propietario del grupo que gerenciaba el restaurante:

“Convencer a Philippe Starck para que aceptase el proyecto no fue fácil. Le conocí a través de Ian Schrager, cuando le hizo el Hotel Royalton en Nueva York, y al principio me dijo que no. Fue seis o siete meses después, aprovechando que venía a España a recoger un premio, cuando le convencí tras una larga jornada de motos, toros y una buena cena en La Trainera”.

El diseño rompedor del entonces joven francés y la colaboración de otros genios –en la época también por consagrar– como Javier Mariscal,  y Arnold Chan, pusieron al provinciano Madrid de la España preolímpica en el punto de mira del diseño internacional. “Me atrevo a decir que a la ciudad le vino demasiado pronto”, reconoce Arango.

“Teatriz en ese enero de 1990 era el local en el mundo. Hubiese sido una sensación, un fenómeno, de haberse abierto en Nueva York, Londres, Tokio o París. La gente entraba y muchos no sabían ni interpretarlo. Y a nosotros el éxito también nos pilló poco preparados. No esperábamos esa magnitud, las colas en la puerta… se convirtió en un local un poco elitista y eso fue un error. Luego lo popularizamos. Y desde entonces se ha mantenido como un éxito. Sorprendentemente, mucha gente cree que no, porque con los años perdimos a la élite y a los trendsetters pero sin embargo se ha mantenido con un éxito comercial rotundo”, explica Plácido Arango.

En el año 2014  y tras 25 años reinando en el escenario gastronómico, luego de reformas y maniobras de gestión para sacarlo del pedestal de elite y atraer clientela más diversa, sucumbió a efectos de la crisis y cerró sus puertas.

Ahora, la firma sueca de moda ‘& Other Stories’, perteneciente al grupo H&M, lo ha restaurado manteniendo intacta gran parte de su estructura original. Está repleto de detalles que delatan su pasado, como su preciosa cúpula, un escenario elevado con un techo de 20 metros de alto, antiguos elementos escenográficos, el telón de fondo, focos y detalles que complementan a la perfección la amplia colección de accesorios, complementos y las diferentes colecciones.
El icónico espejo y los detalles de mármol que Philippe Starck ubicó en la planta alta en la época de los 90, se convierten en un perfecto telón de fondo para la sección de belleza.

Otra historia se escribe ahora como sede de la tienda de indumentaria, que supo rescatar el espiritu que habita el lugar y llevarlo a otra dimensión: un ejemplo perfecto donde la ocupación de un espacio con tanta memoria y recuerdos aporta identidad, carácter e infinitas aristas de marketing para nuevos usos.


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